En la mesa empequeñecida
el agotamiento quiebra las letras
sube a mis ojos la polvareda
que se traen unas hormigas
allá muy abajo
observo el cántaro y el tapanco y el vaso
el espejo
tiemblo
estoy rodeado de círculos eternos
no puedo cruzar las líneas que me envenenan
ni sobrevivir un instante transportando la idea
ni sostenerla
mientras tanto
los mosquitos siguen su estrategia para desarmarme
el quetzal persiste en jugar con los recuerdos
(a la rueda de San Miguel)
debo aprovechar la luz del día...
la noche me entregará a la contemplación
en la media luz del quinqué
la noche exclusiva de seguir los movimientos
de las sombras felinas y alargadas
dentro del jacal
la noche despertará otro recurso con los grillos
mas esta tarde
al esquema lo vuela el aire
y tendré que leer para apaciguar el bosque.